15-9-2011
ASAMBLEA DE LAS NACIONES UNIDAS
Egon Friedler
Analista
Prácticamente no existen dudas en las cancillerías del mundo de que en la próxima Asamblea de las Naciones Unidas que se inicia el 20 de este mes será proclamado el Estado Palestino. No hay mayor diferencia si el número de votos será de 130, 140 o 150 a favor. Muchos países votantes estarán convencidos de haber hecho justicia. Otros, especialmente los países árabes e islámicos, lo celebrarán como una derrota de Israel. Pero cabe preguntarse si realmente el voto de las Naciones Unidas asegura la creación de un Estado palestino.
Un informe del Banco Mundial dado a conocer por la Agencia Reuters (12.9.2011) señala que el progreso realizado por los palestinos en la construcción de instituciones estatales podría zozobrar debido a una crisis fiscal derivada de la reducción de la ayuda extranjera. En su informe preparado para ser presentado a los donantes internacionales, señala que las instituciones públicas palestinas «se comparan favorablemente a otros países en la región y más allá de ella». Sin embargo, la Autoridad Palestina, que solo ejerce un limitado autogobierno en parte de la Margen Occidental ocupada por Israel, sigue dependiendo de la ayuda extranjera para cubrir un déficit que este año alcanzará los 900 millones de dólares. Los políticos palestinos han adjudicado la responsabilidad de esta situación a los países árabes que han reducido sus contribuciones. En los últimos tres meses, la Autoridad no ha podido cumplir dos veces con el pago en tiempo y forma a sus 150.000 empleados.
Con ello, el informe reconoce que la Autoridad Palestina ha hecho progresos substanciales en la implementación de los objetivos de un plan de dos años de creación de instituciones estatales. Este éxito es unánimemente atribuido a Salam Fayad, el primer ministro de la Autoridad Palestina, autor del plan. Pero Salam Fayad, que es considerado el tecnócrata más brillante que tienen los palestinos y el hombre que terminó con su crónico caos institucional, es tajantemente rechazado por Hamas y despierta suspicacias en las propias filas de Fatah, el partido dominante en la Autoridad Palestina. Más aún, el firme apoyo del presidente Mahmud Abbas a Fayad hizo fracasar en los hechos el acuerdo de reconciliación firmado el 4 de mayo pasado entre la Autoridad Palestina y Hamas. Un dirigente de Hamas, Salah al Bardawil, fue tajante: «No aceptaremos a Salam Fayad que preside el gobierno ilegal en Ramala, como primer ministro del Ejecutivo tecnócrata. No lo aceptaremos ni siquiera como ministro en el gobierno de unidad».
Por lo tanto, el reconocimiento internacional a un Estado Palestino, crea una ficción. No habrá un estado palestino, sino dos miniestados ferozmente enfrentados entre sí y ambos en conflicto con un tercero.
Pero la división entre los dos bandos palestinos no es el único problema institucional. Ben White, un columnista del «Guardian» británico, un diario generalmente pro-árabe y anti-israelí, ve otros aspectos críticos. En un artículo titulado «El problema con el liderazgo político palestino» (1.9.2011) escribe: «En tres áreas críticas, hay tres fallas que socavan el liderazgo palestino. El primero, es un déficit de legitimidad. Tanto la Autoridad Palestina dominada por Fatah como Hamas, solo tienen mandatos de minoría de parte del pueblo palestino. Las últimas elecciones se realizaron en 2005-2006 y elecciones locales que debían haberse realizado hace tiempo han sido postergadas una y otra vez. Y aún si las elecciones presidenciales o parlamentarias fueran a realizarse mañana, seguirían excluyendo a los refugiados palestinos. La Organización de Liberación de Palestina sigue siendo un vehículo potencial para la toma de decisiones democrática, pero no se vislumbra una seria reforma en el horizonte. El segundo problema crítico es la falta de creatividad y pensamiento estratégico. El temor a la pérdida de control es un factor que inhibe la apertura a un cambio, lo que nos trae al tercer factor problemático: la utilización del poder por el poder y no su uso como instrumento para lograr objetivos.»
Este último factor explica el apuro por llevar el tema del reconocimiento del Estado Palestino a la esfera internacional antes de un acuerdo con su vecino y antes de que siquiera se vislumbre una chance de independencia económica.
Un reciente informe de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos, señaló que el nivel de vida en la Margen Occidental declinó hacia fines de 2010 mientras el desempleo creció de 23.5% a 25%.
Según un informe del Banco Mundial citado en un artículo de «Le Monde» «El crecimiento de la construcción y las inversiones en Ramallah, así como el crecimiento del Producto Nacional Bruto al 8% y 9% no reflejan realmente el grado de desarrollo, sino que es un reflejo del crecimiento del apoyo de la comunidad internacional».
Por otra parte, los controles israelíes siguen siendo un factor limitante, que gravita no menos que las divisiones palestinas. Por ello, los logros del Plan Fayad no podrán tener más que un éxito muy parcial y limitado, sin que un proceso serio de negociaciones permita crear un estado con una soberanía claramente delimitada. Y en el plano de la legalidad institucional ¿Qué leyes pueden tener efectividad si no hay un Parlamento que funciona?
Por ello, cabe preguntarse si la votación en las Naciones Unidas no deparará a los palestinos una victoria de Pirro. Además de la oposición de Israel y Estados Unidos, que ven en la votación de las Naciones Unidas una mala alternativa a un proceso racional de negociaciones, hay otras voces que han comenzado a expresar dudas sobre la proclamación del Estado palestino.
El primer ministro de Canadá, Stephen Harper, dijo que una declaración unilateral de independencia de parte de los palestinos «será un hecho político muy desafortunado» A su juicio una solución de dos estados «debe basarse en el reconocimiento mutuo, lo que incluye el reconocimiento de Israel como estado judío».
El propio secretario general de la Liga Árabe, Nabil al Arabi, dijo que la declaración de independencia «podría ser un acto político muy peligroso para los palestinos en este período».
Pero sobre todo, la votación palestina en las Naciones Unidas, crearía una ficción que podría resultar siendo un bumerang para sus intereses. La Autoridad Palestina no tiene aún un gobierno electo y efectivo, no controla claramente su territorio y sobre todo, carece de independencia económica.
El prematuro reconocimiento de una independencia que no es tal en los hechos podría resultar una frustración más en la larga historia de frustraciones que es la historia palestina desde que los árabes rechazaron la creación de un Estado palestino en 1948.
¿Independencia palestina o una nueva frustración?
15/Sep/2011
La República, Egon Friedler